jueves, 28 de enero de 2016
Zoque
Feliz de volver de nuevo a las páginas de la revista Zoque.
lunes, 25 de enero de 2016
Remendadora de profesión
Antoñita tiene fama, según las sucias lenguas, de mujer de mal vivir.
A su casa acuden, almas grises, afligidas. Corazones rotos.
Lo que sus vecinos no saben, es que en esa línea estrecha
que divide sus muslos, sólo apoya el acerico. Que en su pecho, sólo juguetea la
cinta métrica y que sus manos son felices, cuando las tijeras cortan los
hilvanes de los corazones ya reparados.
A los
clientes, sólo les pide la voluntad, y a Dios, si es que existe, que uno de
esos latidos, remendado o no, algún día, pase sin llamar, y decida quedarse.
Fotografía: Nuria Estalayo
Relato para la copa ENTC, segunda ronda. Podéis ver el encuentro, AQUÍ
lunes, 18 de enero de 2016
De vendimia
Así
como las de la sangre, las manchas de vino son difíciles de sacar. Marcelino Peláez
lo sabe bien. Regenta una tasca, que en época de matanza y acompañada ésta de
los mejores caldos, se llena de gente.
Pero no
es ese el motivo de que la cantina esté siempre repleta. Peláez tiene un gusto exquisito para elegir camareras.
Mujeres bellísimas, que ataviadas con esos vestidos blancos, hacen las delicias
de la concurrencia. La pena es que no duran mucho. Coincidiendo con los meses
más fríos, desaparecen.
- No era de buena cosecha, despedida. Contesta si le preguntan.
Relato para la copa ENTC, primera ronda. Podéis ver la competición aquí.
jueves, 14 de enero de 2016
martes, 12 de enero de 2016
Gestión de residuos
Por qué demonios sus
dueños los han abandonado en ese inhóspito lugar, se pregunta Inés, al mismo
tiempo que se ajusta los guantes de látex. Tras la alarma que indica cambio de
turno, se sujeta el pelo con un coletero y se pone la mascarilla.
Cuatro años de Biotecnología,
Master en Química orgánica e inmunología y se siente como ese móvil que pasa
por la cinta de reciclado junto a la cáscara de huevo; desmantelada, apagada y
fuera de cobertura.
jueves, 24 de diciembre de 2015
Apertura retardada
Como sombras disipadas por un nuevo amanecer, vislumbran el exterior del habitáculo del cajero automático.Ni un alma por la calle, nadie que pueda verlos.
- No consigo abrirla, susurra él compungido.
- Me estoy poniendo muy nerviosa, no tenemos demasiado tiempo.
El calor y el sudor se desbordan por sus sienes, tan sólo un gato pardo es testigo de sus fechorías. Con las manos inquietas, temblorosas, consigue finalmente abrir la caja.
El tiempo se detiene en sus ojos, se miran, es ella quien saca uno.
- ¿rojo?, sonríe el.
- Sí, se ruboriza ella. ¿sabes? - también es mi primera vez.
- No consigo abrirla, susurra él compungido.
- Me estoy poniendo muy nerviosa, no tenemos demasiado tiempo.
El calor y el sudor se desbordan por sus sienes, tan sólo un gato pardo es testigo de sus fechorías. Con las manos inquietas, temblorosas, consigue finalmente abrir la caja.
El tiempo se detiene en sus ojos, se miran, es ella quien saca uno.
- ¿rojo?, sonríe el.
- Sí, se ruboriza ella. ¿sabes? - también es mi primera vez.
lunes, 21 de diciembre de 2015
Tetas
Como una anguila, me escurrí entre las piernas de mi madre al nacer. Mi extrema delgadez no le hizo ni cosquillas en el parto. Broté esmirriado, famélico, enclenque; vamos, una birria.
Los pechos de mi madre fueron mi baluarte, dos cántaros de leche inmensos que, frente a todo pronóstico, me sacaron adelante.
Nunca sabré si fueron las mamas opulentas de mi madre, las de aquella mujer que Fellini nos mostró en Amarcord, o las de la Jurado, las que como una ola de espuma blanca y rumor de caracolas, me llevaron desde párvulo a desear siempre a mi lado a una mujer de senos grandes, descomunales; un escarpado y voluptuoso paisaje donde retozar mi menudo cuerpo.
Me casé con tres mujeres: Elisa, Felisa y Basilisa y no, no puedo decir que no fuera feliz. He amado, he reído y llorado, pero sólo ahora lo hago a mi manera. No me asusta el final a pesar de sentirlo cada vez más cerca, creo que al fin he encontrado el sendero; quizá sea por Bárbara, la nueva recepcionista del asilo, quien me aporta suficientes razones para seguir de pie, o al menos dos.
Esta es la propuesta para "Esta noche te cuento". Texto y comentarios AQUI
Los pechos de mi madre fueron mi baluarte, dos cántaros de leche inmensos que, frente a todo pronóstico, me sacaron adelante.
Nunca sabré si fueron las mamas opulentas de mi madre, las de aquella mujer que Fellini nos mostró en Amarcord, o las de la Jurado, las que como una ola de espuma blanca y rumor de caracolas, me llevaron desde párvulo a desear siempre a mi lado a una mujer de senos grandes, descomunales; un escarpado y voluptuoso paisaje donde retozar mi menudo cuerpo.
Me casé con tres mujeres: Elisa, Felisa y Basilisa y no, no puedo decir que no fuera feliz. He amado, he reído y llorado, pero sólo ahora lo hago a mi manera. No me asusta el final a pesar de sentirlo cada vez más cerca, creo que al fin he encontrado el sendero; quizá sea por Bárbara, la nueva recepcionista del asilo, quien me aporta suficientes razones para seguir de pie, o al menos dos.
Esta es la propuesta para "Esta noche te cuento". Texto y comentarios AQUI
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