Al abrir el
contenedor, se dio cuenta de que estaba empezando a olvidar el nombre de las
cosas, y de que además le importaba un bledo.
Antes no hubiera
soportado que se le despistara ni un pelo, pero los años le han hecho adquirir
un carácter más flemático. Tanto, que esta noche, además de pelos, la bolsa ha
ido dejando un camino de gotitas rojas.
Al cerrar la tapa le asalta otra duda. Laura,
cree que se llamaba.




