Plantó flores de cuneta en su jardín para seguir sintiendo
que estaban juntos.
viernes, 21 de agosto de 2015
miércoles, 19 de agosto de 2015
La rompecorazones
Nos conocimos en la cafetería del tanatorio. Ella un café y
yo un Whisky doble. Libertad para ahogar las penas, pensé mientras advertí sus
ojos. No hizo falta más. Sentí el flechazo. A bocajarro, directo a mis
ventrículos.
Era una mujer de infarto, de muerte. Sonreí por la ironía de las
palabras en aquel lugar.
Quise pagar su café pero mis manos comenzaron a temblar, un
sudor frío se apoderó de mí. Timidez, asumí.
Me equivoqué.
Quince días después volví por allí. Ella seguía en la barra, exuberante,
esperando nuevos clientes. Mi nombre, presidía ya la sala número dos.
Fotografía: N. Estalayo
domingo, 16 de agosto de 2015
miércoles, 29 de julio de 2015
Aquellos maravillosos radios
“Para siempre” nos dijimos sellando el beso a navaja.
Clavándole nuestras iniciales al manzano que sujetaba las bicis.
Aprendí a volar en su GAC, como ET con Elliot, sin necesidad de alas, sin preocuparnos de si había red bajo nuestros pies. Emprendimos el más arriesgado de los viajes, a ciegas, como sólo puede hacerse la primera vez, sin valorar el impacto de la caída. La bici sin frenos nos llevó hasta la luna, le acariciamos el corazón a Plutón.
“Para siempre” nos dijimos, y volví cada verano a los pies del árbol para comprobar que los calendarios, así como las promesas, también son de hoja caduca.
Aprendí a volar en su GAC, como ET con Elliot, sin necesidad de alas, sin preocuparnos de si había red bajo nuestros pies. Emprendimos el más arriesgado de los viajes, a ciegas, como sólo puede hacerse la primera vez, sin valorar el impacto de la caída. La bici sin frenos nos llevó hasta la luna, le acariciamos el corazón a Plutón.
“Para siempre” nos dijimos, y volví cada verano a los pies del árbol para comprobar que los calendarios, así como las promesas, también son de hoja caduca.
Este relato participa en la web ENTC Pulsa aquí si quieres echar un vistazo
domingo, 19 de julio de 2015
Parchís
A veces eras azul,
Como las olas que rompes en el malecón de mi almohada,
como el Danubio que contemplan los enamorados.
Azul como la sangre de los hipócritas.
Otras, elegiste el verde,
tu favorito.
Como el prado donde siempre quisiste hacerme el amor.
Verde como algunos viejos, como el perro, como mis ojos,
Probaste también del amarillo,
Nunca supe si para brillar o para cegarme.
Amarillo como una falta leve,
como los cercos en el mantel que dejamos de compartir.
Comprobaste lo bien que te sentaba el Rojo,
como la ropa interior de un sábado cualquiera,
como la pasión, como la lengua, como el carmín entre tus dientes,
como mis ojos tras tu partida.
Y entre tanto yo fui dado,
entregado a tu suerte.
Con 6 caras dispuestas,
a contarte 10 o tal vez 20.
y avanzar hasta llegar a casa,
y comerte.
Imagen tomada de la red
jueves, 9 de julio de 2015
jueves, 25 de junio de 2015
Suscribirse a:
Entradas (Atom)




