La Paloma Luciana, ya no sólo vuela sino que navega por otros mares.
De la mano de Javier Marchante y su equipo, mi palomita revolotea por la "Taberna del Callao" y por páginas, que según me cuenta este genio del buen hacer, son de aplicación en las escuelas, en forma de escucha y lectura, sirva un ejemplo la del "maestro cuentacuentos"
Lo bonito de este proyecto fue crear un texto pidiéndole los zapatos a Gloria Fuertes, y aún a sabiendas de no llegarle a la suela de los mismos, tratar de homenajearle a título póstumo.
El resto del trabajo fue sencillo. El ilustrador, Roberto Ruiz, un chico con un talento maravilloso, prestó generosamente sus lápices al vuelo del ave y Javier se encargó de buscarle la voz precisa. Escuchar a Antonia de Miguel leyendo el texto, es sin duda la pluma caudal de esta historia.
Os dejo los enlaces citados para que podáis surcar el cielo. Podréis divisar o no la moralina, pero eso dependerá del estado de las nubes.
Besos a tod@s.
http://elmaestrocuentacuentos.blogspot.com/
http://latabernadelcallao.blogspot.com/
sábado, 6 de julio de 2013
miércoles, 19 de junio de 2013
CON jugando NOS
Futuro imperfecto:
Llegará el día,
Futuro perfecto
Habrá de llegar.
Presente de subjuntivo
Tal vez se cumpla el sueño.
Presente simple
Te amo.
Futuro simple
Te amaré.
miércoles, 12 de junio de 2013
Loading
He formateado mi corazón y le he pasado las últimas actualizaciones, pero me niego a instalarle un antivirus.
domingo, 9 de junio de 2013
Sin últimas palabras
Ordenaron colocarle una venda en los ojos, como
parte del vestuario previo a su mortaja.
Le concedieron un deseo, el último.
Las premisas fueron varias. El deseo ha de ser…
- Corto. - No será tanto como mi minifalda- pensó Mariano viendo como su vello traspasaba sus medias de lycra.
- Signifcativo.- Como los tacones que me puse esta noche.
- Trascendental.- Como el último beso, el que quiero dar ahora.
Marian, como así le llamaban en aquel tugurio clandestino, tomó a oscuras las manos de su ejecutor y aún con la ceguera de la incomprensión, encontró su boca.
Le concedieron un deseo, el último.
Las premisas fueron varias. El deseo ha de ser…
- Corto. - No será tanto como mi minifalda- pensó Mariano viendo como su vello traspasaba sus medias de lycra.
- Signifcativo.- Como los tacones que me puse esta noche.
- Trascendental.- Como el último beso, el que quiero dar ahora.
Marian, como así le llamaban en aquel tugurio clandestino, tomó a oscuras las manos de su ejecutor y aún con la ceguera de la incomprensión, encontró su boca.
Un intento infructuoso, otro más, de alcanzar los laureles de los Relatos en cadena
miércoles, 22 de mayo de 2013
Haz-versid-hades
Construyo Castillos
de arena,
de miel,
de pétalos huérfanos,
de caricias sin piel.
Le duermo a la noche,
al sueño,
a Morfeo,
a los gatos que rondan la luna,
a la luz de una vela insomne.
Le escribo al verso desahuciado,
a la otredad de mi ombligo,
al frío,
a la ausencia,
a la tenaz urgencia de un beso.
Al clandestino exilio de tu sexo.
Y entretanto,
vuelvo a ser roca,
Silencio,
Vacío,
El hueco de luz
que alimenta los escombros.
Construyo castillos.
jueves, 16 de mayo de 2013
Un traje de corte inglés
Decidió que no fuera una sorpresa, que juntos eligiéramos su atuendo para la noche de nuestro aniversario.
Tras probarse cientos de vestidos, elegimos al unísono uno satén púrpura, de corte imperio, entallado y con un generoso escote, que dejaba adivinar sus voluptuosidades.
Estaba preciosa. Le hubiera hecho el amor una y mil veces más allí mismo sino fuera porque nos esperaban para cenar y porque insistió en seguir acicalándose para mí.
En el maquillaje quiso ser pragmática. Una fina base para cubrir imperfecciones, una sombra de ojos acorde con el vestido y un brillo de labios que yo deseaba borrar con los míos cuanto antes.
Una vez conclusos los detalles, me sonrió y quise besarla. Me lo impidió con un guiño. – Estás preparado?, me dijo levantando el vestido y dejando entrever unas playeras que en algún momento fueron blancas.
- Sí, dije con el pulso acelerado.
- Pues corre!!!
Saltaron todas las alarmas del centro comercial. Los vigilantes, como siempre, nos siguieron tan sólo hasta la vuelta de la esquina.
En el comedor social alabaron con vítores y aplausos su radiante belleza. Tras la cena, hicimos el amor donde nos conocimos, en ese banco que tiene tatuados nuestros nombres a fuerza de navaja.
Esta noche, los cartones tienen luces de neón, la luna se ha empeñado en bailar con nosotros.
Este relato forma parte, junto con los de un montón de amigos, de la Primavera de Micros Indignados.
lunes, 6 de mayo de 2013
Ama, Anita.
Recuerdo bien cuando eras tú quien me acompañabas en mis expediciones micológicas. Me robabas un beso entre los pinares y me abrías la camisa cuando ya habíamos llenado la cesta. Después te gustaba colar tus manos en el mandil, mientras cocinaba las setas con un poquito de carne y mucho, muchísimo amor. A fuego lento, para que nos diera tiempo a amarnos antes de poner la mesa.
El tiempo, la desidia y probablemente mi torpeza, fueron marchitando el bosque y los pliegues de nuestras sábanas.
Hoy me acompañó el niño al campo, aún le falta destreza y metió en la cesta una amanita phalloides.
Quise decirte en la sobremesa que a pesar de todo, aún seguía queriéndote, pero para entonces, yo ya me había quedado dormida.
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