lunes, 23 de febrero de 2015

A fuego lento

Vamos a hacerlo despacio,
a fuego lento.
A ritmo del rescoldo apátrida
que se exilia lánguido de la brasa.

Clava tus ojos en mí,
avariciosos,
codiciosos,
y en esa usura, apuéstalo todo.
Al nueve,
al diez,
al once,
al roce,
 de la piel.

Vamos a deshacerlo todo.
Los cuentos de hadas,
los prejuicios,
los vicios,
el bullicio,
la calma.
La cama.

Deja que el guiso hierva,
Que se escalden los miedos,
los no puedo,
los sí quiero.

Ahora grita,
            Palpita
                   Tirita.

No apagues la luz.
No es un sueño.
        Foto tomada de la red

martes, 17 de febrero de 2015

Roces

Se dirige a la jaula de los leones para demostrarle cuánto se equivoca.
Afirma con esos ojitos tristones que pone cuando algo va mal, que los arañazos en su espalda no se los produjo Vilma, la vendedora de algodón dulce de formas exuberantes, ni Paula, la rubia de ojos índigos de los caballitos.
- Me creas o no, amor, fue Bárbara, la leona y su particular manera de decirme que no quiere pasar de nuevo por el aro.

miércoles, 11 de febrero de 2015

Tachín Tachán

Le faltarán, al menos, un par de centímetros para alcanzar la barra del trapecio. En vano estira sus brazos, cada uno de sus dedos,  trata de sentir el frío del metal en sus yemas.
A pesar de los gritos del público, escucha su voz. Circunspecta, sobria, serena.
-         Confía en mí, le dice.
Vendada como una momia se despierta sobre una cama de hospital. A su lado la paloma, el conejo, el ramo de flores y una chistera que aún conserva en su interior el As de corazones.


lunes, 2 de febrero de 2015

Listo para comer

El cocido ya tenía los ingredientes a fuego lento, y por fin ayer se pudo degustar en Cantabria. Los chicos de Diapasongs le pusieron el resto de aderezos para que el resultado fuera delicioso.
Días en los que a esta piel se le erizan todas sus costuras.


domingo, 25 de enero de 2015

Cocido montañés

Escoge con calma las alubias, para que ninguna piedrita se cuele en el guiso. Selecciona el cuchillo más afilado de la tacoma para cortar  con movimientos secos la berza, dejando escapar en cada tajo un suspiro apenas perceptible. El filo golpea la tabla de madera desnuda, desabrida, seca, como el portazo que se quedó alojado en sus oídos.

La emprende ahora con la cebolla. La desnuda despacio, se deleita en cada capa, en cada recodo, como lo hiciera él, apartando los nudos que atan sus curvas. Le imagina a su lado y el aceite comienza a hervir.

Una lágrima se desliza hasta su boca. Su sabor le recuerda que debe añadir la sal y la pizquita de pimentón.  Escucha tras de sí entornarse la puerta de la cocina y cierra los ojos, esperando el beso por la espalda que se diluye con el agua ante las palabras del niño.
-          Mamá, ¿estás llorando?
-          No, cariño, son estas malditas cebollas.

El chop chop de las alubias acalla su bronco palpitar

Bajo el lema "a qué sabe Cantabria", este relato se ha alzado con el primer premio del I concurso de relatos del Parlamento Cántabro. Podéis ver el resto de relatos entre los que se encuentran los de grandes compañeros de letras pinchando en la fotografía.

martes, 20 de enero de 2015

Ausente, ma non troppo

Usted es el primero que la abre. Hace años que no entra el sol por esta ventana.
Comenzó a llover el mismo día en que él falleció. Las gotas fueron abordando el cristal de forma silente, piano piano, animándose unas a otras con un ritmo trepidante, increscendo, hasta quebrar las nubes, mezzoforte, hasta agitar la tormenta, mi tormento.
También debería intentar reparar el piano, su piano. Ya no suena. Por más que acaricio sus teclas, sigue mudo. Como si no sintiera nada, como el que oye llover.

martes, 6 de enero de 2015

Los primeros despojos del año

Sin saber por qué, le di un puñetazo al espejo. 
Mi rostro se descompuso en múltiples puzzles ordenados sobre las baldosas del baño.
A pesar del desconcierto, ella estaba ahí. Siempre ella. En todas y cada una de las piezas.


Sin saber por qué, le di un puñetazo al árbol. Las luces dejaron de titilar, los adornos se desmembraron en mil pedazos.
Mi psiquiatra dice que no canalizo bien las emociones, que soy incapaz de aceptar que él, a diferencia del turrón, no volverá a casa por navidad.

          Imágenes tomadas de la red