lunes, 2 de noviembre de 2015

Quince minutos de gloria

Vuelven a ser invisibles, de nada sirvió que Aylan vistiera ese día sus mejores galas, que su madre se hubiera empleado a fondo en limpiarle los zapatos.  Estás precioso, le dijo antes de partir.
De nada sirvió que aquel viaje le convirtiera en el niño más famoso, que su foto diera la vuelta al mundo.
Él fue náufrago y mensaje en la botella, refugiado y morador de conciencias. La marea lo escupió porque el mar no fue capaz de tragarse tanta pena.
Ya nadie habla de él, ni de los demás, quizá esto también sea cosa del cambio climático.

Fragmento de una viñeta de Gallego & Rey

6 comentarios:

  1. Escalofriante...Siempre removiendo las 'ñañas', Piel. Besos gigantes.

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Ojalá las letras pudieran remover conciencias.
      Besazos

      Eliminar
  2. Este mundo nuestro desata pasiones y sentimientos colectivos tan pronto como los sepulta. Habría que dar una patada en el suelo para no vivir tan deprisa ni olvidar tan pronto, aunque para paliar algo esta situación están las letras, y más si son buenas como éstas.
    Un relato genial y un despojo inmerecido
    Un abrazo, Raquel

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. La memoria es efímera de forma consciente, en fín, patalearemos y escribiremos.
      Abrazos de vuelta.

      Eliminar
  3. Doble enhorabuena, por el buen relato y por no dejar que cosas importantes caigan en el olvido. Un beso.

    ResponderEliminar
  4. Qué buen recuerdo y homenaje has hecho. Me ha gustado mucho tu micro, Raquel.
    Besicos muchos.

    ResponderEliminar