miércoles, 12 de septiembre de 2018

Cuervos

     Un hoyuelo en la barbilla y el verbo fácil fue lo único que heredé de mi padre, “el abogado Victorioso”, como apodaban el resto de colegas de profesión por su capacidad de defender y alzarse con sentencias favorables en los casos más truculentos e inverosímiles.
     Me hubiera gustado ser tan corpulento y atractivo como él pero mi falta de apetito y mis constantes convalecencias durante la infancia hicieron de mí un chico enclenque y debilucho.
     Comencé bien pronto a repudiar las leyes, literalmente no podía con ellas. Una mezcla de laxitud en mi musculatura y de rebeldía, me hizo juntarme con amigos que acarreaban otro tipo de papelillos.
     A mi padre solo se le vio derrumbarse una vez en una rueda de reconocimiento. Fue cuando tuvo que contestar al funcionario si estaba seguro. A pesar de tener la voz entrecortada, no titubeó, es mi hijo.

Relato seleccionado para el mes de septiembre en la Mutualidad de la Abogacía

viernes, 31 de agosto de 2018

Transición

La tarde en que murió Chanquete la congoja se alojó en mi pecho con la misma fuerza con que las garrapatas se aferraban al hocico de Rantanplan cuando paseábamos con el rebaño de Paco el Rojo.
Mi madre me prohibió llorar. Los hombres no lloran, me dijo con aquella voz hueca en la que quizá nunca se alojó la ternura.
Mis hermanas, por su parte, gimoteaban con sus frentes despejadas en una cola de caballo bien tirante y el beneplácito del resto de plañideras que se congregaron en casa.
A la mañana siguiente mamá nos vistió de domingo siendo lunes y acudimos a su entierro.
En la ceremonia, impertérrito, me pregunte por qué mis veranos no eran azules; por qué a mi padre, que siempre fue un hombre de tierra adentro, le apodaban Chanquete y por qué todos coreaban aquel “no nos moverán” en bajito.

Fotografía: Cristina García Rodero
Texto para ENTC

miércoles, 22 de agosto de 2018

Nuremberg

Crecimos con la sombra del engaño planeando por los tejados, con el miedo consumiéndose entre las siete velas del candelabro que presidía nuestra sala de estar. Éramos conscientes de los tiempos difíciles que vivíamos pero nunca pudimos sospechar la tortura que vendría después.
Un día de otoño, cuando jugábamos felices chapoteando con el agua de los charcos, nos hicieron abandonar el colegio y nos embarcaron como a ganado en aquel tren que nos robó la infancia y el júbilo.
Hoy, algunos de nosotros les hemos visto declarar. Hemos atisbado su miedo, sus lágrimas, también las de los abogados. Incluso el Juez ha tragado saliva para contenerlas. Nosotros no, nosotros hemos guardado las fuerzas para que algún día nuestros hijos puedan vernos sonreír.

Relato seleccionado para el concurso de la Mutualidad de la Abogacía

martes, 21 de agosto de 2018

Hoy

Hoy he cerrado tus cajones
con siete llaves
y cinta de embalar mentiras.

Hoy he sellado la cerradura
aplastando en ella el último pitillo
que fumamos a medias.

Hoy al fin,
y aunque sirva de redundancia,
te he puesto fin.

Mañana, seguramente con la resaca,
vuelva a barrer el suelo
para buscar con cautela
alguna brizna de ti.

viernes, 17 de agosto de 2018

lunes, 30 de julio de 2018

Que digan misa

Te esperé cada verano 
aferrada con fuerza a estas dos copas,
la de ginebra con limón y la del árbol
-donde sellaste nuestro beso con navaja-

Me dolieron las noches,
las perchas vacías
el insomnio de los ácaros
buscando como yo, tu piel para adherirse.
Y así, con la cama ilesa,
pasaron los años,
              los solsticios,
                                   tú.
y de mí, comenzaron a decir
que me faltaba un hervor...
               (también algún verano)

Para #pasionesdeverano de Zenda Libros

martes, 24 de julio de 2018

Mascotas


Hoy se ha calzado su sonrisa seductora, el vestido travieso y las sandalias más altas. Desde su puesto de vigía en lo alto de la cofa me observa navegar en el vaivén de sus caderas y, astuta, me lleva a la cueva donde ya ha tendido su tela de araña. Con el calor sofocante obnubilando mi mente, el sopor que provoca el tour de Francia como música ambiental y el deseo de quitarle la ropa como único resorte que mantiene mis neuronas activas, me extiende sibilinamente la trampa. Me dice que quiere una mascota, bueno, dos, dice sonriendo, y como por azar o cosas del destino me muestra en su móvil fotografías de cachorros de tigres y lobos. Sucumbo a su ilusión y pliego las patas traseras sobre la red para que le sea más fácil atraparme, mientras busco en otro tipo de redes tiendas de mascotas.