jueves, 11 de enero de 2018

Pecando allende los mares

Los mejores regalos llegan cuando menos los esperas, cuando ya no hay luces por las calles ni señores disfrazados de los únicos Reyes que tienen acceso a la república independiente de mi casa. Regalos que vienen un miércoles lluvioso, cuando el sol ya está en el ocaso. Regalos desde la otra punta del país, La Palma ni más ni menos. Regalos con un envoltorio maravilloso, la voz "pecaminosa" de Ana Vidal 
La sección "En pocas palabras" da comienzo en el minuto 69:40
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martes, 9 de enero de 2018

Ida y vuelta al abismo

    Bucear en el lago que había al lado de la casa siempre me trajo suculentas recompensas. 
    Con doce años, y a pleno pulmón, rescaté la bici que nos habían robado y que mi madre nos compró con sus ahorros. Con quince, descubrí que la apnea podía dejarme ver durante más tiempo a Eulalia, que se las daba de beata, entrelazar sus piernas una y otra vez con Quique, el monaguillo. A los 18 comencé a estudiar ciencias del mar y coincidí nuevamente con ella, que me enseñó los más bellos corales.
    Tras su portazo he vuelto aquí, para tratar de encontrar peces abisales... esta vez sin botella.

Imagen tomada de la red

viernes, 5 de enero de 2018

El patito de goma

Corrían tiempos grises. La oscuridad se colaba por las rendijas de las alcantarillas,  por las grietas de los tejados, en las arrugas de las plañideras que acudían a los velatorios por si, en una de esas, caía un mendrugo de pan.
Un 24 de diciembre apareció por nuestras oficinas un párvulo; no tendría más de ocho años. Tenía cara de pillo, con multitud de pecas en sus mejillas que se mezclaban en perfecto maridaje con la suciedad de su rostro.  A Benítez, el conserje, que tenía seis hijos y otro en camino, le hizo tanta gracia la idea del niño que le pasó con el tasador. Abrió la puerta de su departamento y en voz alta, para que el resto de empleados escucharan el rocambolesco propósito del niño, dijo:
- Don Baldomero, aquí le traigo a este muchacho. Trae un tesoro que seguro vale una fortuna.
Don Baldomero Garrido era un tipo sobrio. Un hombre que con los años se había forjado fama de resentido a fuerza de parquedad  y desgana. Ningún compañero de trabajo supo nunca de su vida. Si estaba casado o soltero, si tenía aficiones y menos aún sus tendencias políticas. Era parco en palabras y más aún en emociones.
El crío sacó de su gabán un patito de goma tiznado de manchas sombrías y un ojo desdibujado. Enrudeció su voz al objeto de parecer mayor y preguntó por la suma de dinero que podían darle por empeñar su juguete, que afirmó ser todo lo que tenía. Le explicó que era un regalo de los Reyes Magos, de cuando era más pequeño y aún venían a su casa.
Nadie sabe cómo siguió la conversación. Don Baldomero comenzó a hablar muy bajito y seguidamente abrió su cartera. Unos dicen que llenó las manos del pequeño con dinero, otros,  además, afirman que por primera vez, le vieron llorar.

Para los cuentos de navidad de Zenda Libros

miércoles, 3 de enero de 2018

Haikules (Miércoles de Haiku)

Mi tentación,
deseo tu manzana
y no la muerdo.

Fotografía de Francisco Ubilla

miércoles, 27 de diciembre de 2017

Los miércoles, Haiku.

Todo depende
del grueso de tus miedos
y de su altura.

Fotografía deJordi Olivè (1929-2013)

viernes, 22 de diciembre de 2017

Larga pausa

     Si tengo que elegir, y mira que me gustan las letras, me quedo con la caricia antes que con la palabra; con la pausa a la continuidad monótona; con el infierno antes que con el cielo, seguramente porque siempre me gustaron lo que otros llamaban “malas compañías”; con las rachas de viento en la montaña mejor que la brisa cálida de la playa y con esos días de invierno en donde a ti, se te antoja besarme mientras nos descalzamos, para que el césped, tan arbitrariamente esparcido entre los dedos de nuestros pies, nos recuerde que estamos vivos.


La pintura es de Inés Martínez.Puede visitarse en la Biblioteca Pública de Palencia hasta el 9 de enero.

martes, 19 de diciembre de 2017

El oficio de papá

Su padre también le dejaba conducir la furgoneta de reparto aún en medio de la gran nevada y a pesar de conocer los riesgos de aquellos tugurios apestados de sudor, mugre y güisqui barato. Demasiados años en el oficio querían ceder ya el testigo al chiquillo.
– No es un oficio sencillo, muchachito. Deberás soportar con estoicidad que te humillen, que te llamen gordo, trasnochado… Te molestará el uniforme, el gorro, la barba, pero escúchame bien. Sólo una sonrisa de ellos, tan sólo una, servirá para curar las magulladuras que sufrirás al colarte por las chimeneas.

Imagen tomada de la red